Saturday, August 09, 2014

LA BÚSQUEDA DEL PARAÍSO EN UNA ENCRUCIJADA DE LENGUAS. José Carlos De Nóbrega


LA BÚSQUEDA DEL PARAÍSO EN UNA ENCRUCIJADA DE LENGUAS

José Carlos De Nóbrega

     No consintió que abandonara las demás lenguas, la cultura se hallaba en la literatura de todas las lenguas que conocía, pero la lengua de nuestro amor -¡y qué gran amor!- sería el alemán. Elías Canetti, “La Lengua Absuelta”.

 

     Soy uno de los muchos hijos de la diáspora europea en Venezuela de la segunda postguerra. Me muevo hoy entre dos lenguas: el castellano hablado en el país y el honrado en la literatura de América Latina y, por supuesto, el portugués oral de mis padres madeirenses que recaló a posteriori en la musicalidad asombrosa de la poesía contemporánea de Brasil y Portugal. Por lo tanto, no deja de asombrarme que nuestro Elías Cañete (escritor judeo-sefardí y búlgaro) estableciera con su madre una comunión íntima y amorosa en la que se conversa en alemán, no obstante las otras tres lenguas que salpicaban su casa con vivacidad. Tampoco me es ajena la calidad lingüística, narrativa y polifónica de la novela “El Paraíso Prestado. Wörter” de la escritora y docente universitaria Doris Poreda, texto que se adjudicó el Premio Stefania Mosca, mención narrativa, en su cuarta edición correspondiente al año 2013. Como lector y miembro del jurado, me atrapó la inusual convivencia simultánea del texto narrativo en castellano y las palabras y frases cortas en alemán que configura la Odisea femenina protagonizada por Dorly, su madre Elli y su abuela Mutti. Siguiendo al poeta alemán Gottfried Benn, este trío de mujeres se nos antoja una pequeña bandada de “golondrinas que rozan el oleaje, / y beben viaje y beben de la noche”. Los vocablos germánicos constituyen las llaves que vinculan el reino perdido y el paraíso prestado por venir, coordenadas a las que se aferra el discurso del exilio. Son evidentes los nexos con la literatura clásica, pues el desplazamiento o la peripecia física traen consigo un viaje interior complejo, paradójico y conmovedor que reúne a estas tres heroínas. Sólo que la atmósfera novelada no apunta a la nostalgia de ramplón corte romántico, sino a una requisitoria dura y sufriente que embiste a la cultura machista occidental, con su esencia discriminatoria y utilitarista. La mayoría de los títulos alude a términos en alemán que fungen de catalizadores en esta bien habida encrucijada de lenguas.

     Dorly centra su compulsión vital en la ausencia de Hans, el padre biológico, sumada a la sucesión de padres postizos que padeció durante sus años de formación, desde el abusivo y pederasta Werner hasta el patético Pero Markoviç y sus siseos en serbo-croata. El odio al padre, en este caso, nos retrotrae dos volúmenes de cuentos de Slavko Zupcic, Dragi Sol (1989) y Vinko Spolovtiva, ¿Quién te mató? (1990), en los cuales se propone varias versiones del parricidio o la venganza del hijo venezolano abandonado por el padre yugoslavo de origen croata. En el caso de Dorly, la anima el despecho y el desprecio de Electra vomitados en la escritura de su Diario y de un relato alusivo a Hans, su engendrador desconocido: Has hecho de mí, sin sospecharlo –Ohne es zu ahnen- la perfecta ciudadana cósmica: sin maleta ni patria, sin padre ni nombre. Nada desdeñable, aunque demasiado abstracto para el entendimiento de una niña que comienza a hacer preguntas. Unos párrafos antes, la díscola hija nos habla de la peculiaridad de su propio desarraigo en la selvática Guayana, muy distante del diálogo y la contrastación de experiencias y paisajes que va del hijo al padre en “Mi padre, el inmigrante” de Vicente Gerbasi: Tal vez por eso no me había dado cuenta de esta carencia de manera tan intensa, por vivir en un país de machos rocheleros donde lo materno llena todos los baches, donde todos los caminos conducen a la madre. La lengua es un afilado cuchillo a la par y a pesar del resentimiento acumulado, franca y sin concesiones, pues no se ahorra epítetos zahirientes, críticas punzantes ni giros satíricos. La repulsión respecto al patriarcado comprende también la obra de Kafka y su irresoluta vida sentimental, “Los hermanos Karamazov” de Dostoievski que prefiguraría la ejecución sumaria del Zar, o películas recientes como “Magnolia” y “Petróleo Sangriento” del norteamericano Paul Thomas Anderson. Lo que entre machos representa una conflagración sin cuartel, para la mujer –hija, esposa o amante maltratadas- supone una oportunidad única de castración del poder patriarcal, sin importar si el instrumento es una hojilla de afeitar escondida bajo la lengua o en el área genital, o una pluma de ganso aguerrida que chapotea la superficie blanca y nutricia del papel. Las palabras no sólo implican una posición responsable ante la vida, sino una instancia válida y sentida de expiación y liberación. Nuestra esencia divina y profana se desdobla en la multiplicidad de las voces que estallan en el laberinto de adentro: Soy las palabras perdidas de la niñez. Soy Elli. Soy Mutti. Soy Bert. Soy Dorly. Soy aquella que habla por todos. Soy todos los que hablan por mí. Musicalidad atonal mediante que recurre a la aliteración y a la repetición ebria y persistente de preces que enhebran las cuentas del alma. Este concierto barroco y minimalista a la vez, se explaya placenteramente en la transparencia formal e inmediata de la prosa bien dicha.

     La estructuración de la novela en dos dípticos de catorce capítulos cada uno, propende a abordar tan intensas y abstrusas historias por vía apolínea y transgenérica al punto de simular la escalera de Jacob, las entrañas de la ballena que engulló a Jonás y la danza frenética de David al inaugurar el Templo que destruirían los romanos siglos después. Apolínea, pues la simetría greco-latina de las formas exalta al paroxismo la belleza contingente y dispareja de las cosas; transgenérica, porque la novela se mixtura con el arte del relato breve en su completación abierta y sugerente. La multiplicidad de los puntos de vista narrativos se emparenta con los cuatro evangelios autorizados e incluso con los evangelios apócrifos: La totalidad a la que aspira el ejercicio novelístico, no fracasa en el absoluto sinsentido del compartimiento estanco, sino en la reconstrucción viva de los acontecimientos que le acontecen a esta “Cofradía de la Jaqueca”; conversación amorosa que involucra a Dorly en primera y tercera persona, a la astuta actriz de carácter y diva matriarcal que es Mutti, a la bellísima Elli atascada en su magnífica precariedad, a la solidaridad paternal y sacrificada del tío Bert e incluso al morboso y cómplice lector. Todos ellos inmersos en la dicotomía universal del dolor y el amor. Ya nos acompaña otro escritor alemán de nuestros afectos, Alexander Kluge, en cuanto a los experimentos amorosos que nos enervan y angustian: ¿Quiere todo ello decir que al llegar a un determinado punto de la desgracia no es ya posible el amor?

     El Paraíso Prestado. Wörter constituye una exploración conmovedora y poética del mundo femenino, teniendo como coordenadas el desarraigo y la desesperanza. Son notables su discurso transgenérico (encrucijada de la literatura epistolar, el cuento y la novela), la musicalidad bilingüe (alemán-español) y, en especial, la transparencia e inmediatez del lenguaje. La problemática existencial de estos personajes maravillosos y humanos al extremo, está magistralmente delineada en el marco generoso de un discurso narrativo accesible, lúdico y harto asertivo. Doris Poreda, por fortuna, ejerce el oficio novelístico con la pasión febril y el devoto respeto que obsequia a todo lector entusiasta. Esta estupenda novela confirma que la escritura femenina en Venezuela atraviesa hoy por un momento estelar y promisorio; a tal respecto, revisemos con sumo placer los títulos más recientes de Laura Antillano, Sol Linares, Ximena Benítez y Ana Enriqueta Terán. Bienvenidos, pues, a esta fiesta de la palabra y el buen decir.

     En la ciudad de Caracas, enclave revoltoso y libertario, miércoles 30 de julio de 2014.

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